viernes, 15 de marzo de 2013

El Restaurante del Hotel Refugio de Juanar. Sierra Blanca. Ojén (Málaga)


Transitábamos en coche ya de regreso del Mirador de La Cabra, cuando este cartel hizo que nos desviáramos, pues ya era la hora de meterle algún alimento al cuerpo.



Aún nos encontramos justo a la entrada del desvío con un segundo cartel que anunciaba un guiso por 8€. Total que cogimos ese camino y mira tu por donde que fuimos a acertar con el sitio.
El Juanar es un Hotel de montaña en medio de un precioso Parque Natural, que anteriormente era reserva de caza, hoy muy restringida, por tanto anteriormente dedicado a hospedar cazadores. En estos sitios, si hay restaurante, y en este lo hay, su cocina suele ser excelente, lo que después pudimos comprobar.


La sala está decorada con estilo rústico, pero es confortable y acogedora. Mesa bien vestida, si bien el rojo bermellón de su mantel choca un poco a la vista.

Veo, contemplando las botellas del botellero, que tienen cosas interesantes, lo que no es de extrañar, pues donde hay cazadores, suele haber buen vino. Después me cuenta Ana Martín que bajo el comedor, el hotel tiene una buena bodega que nos invita a visitar, lo que inmediatamente hacemos.


El cartel anunciador de la Bodega a la entrada de la misma ya nos deja asombrados pues un pecioso mural de azulejo que nos indica de que en sus estancias se elaboró vino.



Una vez dentro, vemos los botelleros a un lado y al otro de la impresionante mesa hecha por mitad de una única pieza de madera, con la barra en un extremo y las barricas de vino de Málaga en el otro. Pero el tesoro estaba en un recinto cerrado en el que se conservan botellas con una gran antigüedad, entre las que pude distinguir por ejemplo una de Marqués de Ygay de 1.938, la mas antígua que vi, pero había otras con la etiqueta mas deteriorada que parecían aun mas viejas. Vega Sicilias, Riojas emblemáticos, como el Bordón del 70, Viña Tondonia del 64, y algunos otros que quien me diera...


Volvemos para la Sala y ya Ana nos tiene preparado en la mesa el primer plato. Se trata de un "Paté de Campaña (Ciervo) con miel de romero, maíz y zanahoria", un pate de sabor fuerte y de gran permanencia en el paladar. Dada la abundancia de la ración, a mi terminó por agotarme las papilas gustativas, porque además es algo a lo que no las tengo acostumbradas, pero es probablemente el paté mas sabroso que jamás haya probado. La exquisita miel de romero, intenta suavizarlo un poco.



Tras el Paté, yo me decido por unas tiernísimas "chuletillas de cordero acompañadas de pisto y patatas fritas".


Mi mujer en cambio se decanta por el "secreto de cerdo ibérico también con pisto y patatas", también muy tierno y sabroso.


Un "tocinillo de cielo con crujiente de galleta y nata" Cierra la pitanza que fue acompañada por un excelente vino para la ocasión venido de las tierras de Navarra.


Este es un Tinto Evo Guelbenzu de la cosecha de 2002, de la D.O. Ribera de Queiles, un tinto potente de cuerpo medio, pero con buena acidez y unos taninos bien presentes, y aunque el vino se va pronto, de alguna manera ayuda a aliviar el paladar de la potencia del paté de ciervo.


Al final la minuta abonada por esta comida a la carta con vino incluida fue de 80 € para las dos personas que éramos. Los menús anunciados en los carteles también se ofrecen a los precios citados en el restaurante.

Añado una reflexión final sobre el vino extraída de la carta de este establecimiento que me llamó la atención, por lo que la fotografié y ahora la cuelgo. Se lee bien.


Solo le falta añadir que, si no se bebe con tino, también hace posible una buena multa de la Guardia Civil, como reza el ripio que sigue:


Toma mas bien poco vino, 
y no te sirvas de copas mil, 
que luego la Guardia Civil 
te multa y te deja fino.

Diccionario de los términos de la cata